De la felicidad y el dolor, colindantes
¿Será el Cielo una sonrisa, la propia o, más aun, la de un ser querido; la que una sincera alegría otorga al rostro, tuyo y más el suyo, que muestra arrugas profundas, preciosas; vuestros gritos de júbilo cuando picos de carcajadas se suceden, humedeciéndose levemente los ojos, brillantes, que dejan sólo entrever sus iris?
¿Será el Infierno el llanto, más lúgubre si es el suyo, trufado de ráfagas gimoteantes, desbordados los ojos, cegados, húmedos los carrillos, las arrugas quizá menos pronunciadas pero mucho más terribles, y mucho más las suyas, insoportablemente más?
