Nosotras que no somos como las demás, que follamos más y con más gente, del sexo que se tercie. Cuando las metáforas -tantas- que describen nuestras andanzas físicas –y tantas- bajan la guardia, dejando resquicios para un lenguaje más directo, puede comprobarse lo vacíos y superficiales que llegan a ser los tíos con los que nos encontramos –que raramente se libran del consabido revolcón, por supuesto-; no obstante esto, siempre son guapos o simpáticos o poseen una arrebatadora y lánguida mirada o sensuales andares, e incluso -el no va más-, los llega a haber con todo ello y más reunido en un solo cuerpo de apolíneo equilibrio… (Tomando esto como base y exacerbándolo libremente: vosotras, que habéis sido ultrajadas durante tanto tiempo, ninguneadas, usadas y tiradas como meros objetos, debéis hacer lo mismo ahora con nosotros, al menos durante un tiempo, para compensar afrentas; y converger todos juntos al final de este periodo de purga, en una época de verdadera igualdad, una vez jodidos unos a otras y unas a otros).

Nosotras, de existencia supuestamente apasionante –así debería ser si no somos como las demás-, entre polvo y polvo sólo hemos brindado en cambio unos momentos anodinos y tediosos, por paradójicamente convencionales.

Esto es, en resumen, lo que -lamentamos- has inferido del contenido de 164 páginas integrantes de un total de 396. Quizás las restantes alberguen nuevos aspectos diferenciadores respecto del vulgo femenino, cuya mayor enjundia haga que te resulten más dignas de lectura. Sin embargo nunca lo sabrás, puesto que no has dudado en traicionarnos comenzando “Ampliación del campo de batalla”, de Michel Houellebecq, ese escéptico pesimista. Allá tú.