Le provocaron al proferir contra él insultos sin cesar, por lo que éste desató su ira cogiendo en peso el televisor que tenía a su lado y lanzándolo acto seguido contra ellos, con tan mala fortuna que explotó cerca de unas cortinas provocando un incendio.

Aunque pueda considerarse sorprendente el suceso, debe comprenderse aquella reacción, pues de los sentimientos que provocan imprecaciones tan graves como las que allí se oyeron no puede provocarse nada bueno. Las emociones que por esto afloran podrían compararse con los efectos que provoca una dolorosa enfermedad. Cabe intuir, incluso, que se provocan en la mente breves impulsos asesinos, provocadores de actos violentos; provocadores éstos, tras el arranque de furia inicial, de una profunda vergüenza en quien fue provocada la provocación.

No provocaremos si afirmamos, con provocada rotundidad, que deben provocarse bien las palabras mientras se está provocando acaloradamente, pues las consecuencias pueden provocar auténticas tragedias –hubiere o no intención al provocarlas-.

Jodeeer…