Unos nubarrones oscuros –profundamente– amenazan lluvia en lo más alto; sólo alzando la vista sobre su vertical pueden verlos, a través del cicatero hueco que dejan las moles de hormigón que los rodean. Sin embargo, hace un rato que yo vi, sin haber siquiera empezado, la lluvia cesar. Así lo atestiguan las nubes que, libre de obstáculos mi mirada, se extienden en lontananza algo dispersas y “todas de algodón”; filtran la luz del sol escindiendo su intenso amarillo, que palidece y se esparce, incontinente; algunos haces inciden sobre la humedad en suspensión: el blanco, plano y único, ha devenido entonces curvo y múltiple, erigiéndose en efímera conexión entre cielo y tierra…
Agradecimientos: Mike Oldfield, Schiller y A. L. V.
Curioso que te de por escribir sobre nubes en verano (con cielos azules y despejados en gran parte del territorio peninsular, si bien el fin de semana se espera mareja y fuerte marejada en toda la franja del cantábrico, veamos ahora la previsión para la próxima semana...)
En fin.. curioso.
Ayer por la mañana, en Murcia, aún quedaban nubarrones de los mencionados -cuando escuché el tema y me vino la inspiración-; esto es, los restos de lo que anteayer decidió descargarse sobre nuestras cabezas. No obstante, el título del blog no se puso por casualidad; suele serle fiel su contenido: la verosimilitud no es imprescindible.
Saludos