Unos nubarrones oscuros –profundamente– amenazan lluvia en lo más alto; sólo alzando la vista sobre su vertical pueden verlos, a través del cicatero hueco que dejan las moles de hormigón que los rodean. Sin embargo, hace un rato que yo vi, sin haber siquiera empezado, la lluvia cesar.  Así lo atestiguan las nubes que, libre de obstáculos mi mirada, se extienden en lontananza algo dispersas y “todas de algodón”; filtran la luz del sol escindiendo su intenso amarillo, que palidece y se esparce, incontinente; algunos haces inciden sobre la humedad en suspensión: el blanco, plano y único, ha devenido entonces curvo y múltiple, erigiéndose en efímera conexión entre cielo y tierra…

Agradecimientos: Mike Oldfield, Schiller y A. L. V.