Apreciado señor don Juan Manuel de Prada:

Ha hecho usted referencia en varias ocasiones a cierta sentencia acuñada por G. K. Chesterton; una que dice, aproximadamente, “quien deja de creer en Dios puede creer en cualquier cosa”, estableciendo una teoría que hace aguas, según la entiendo yo, por al menos uno de sus costados; la tacho, en consecuencia, de generalización desafortunada. Y puesto que al lado de dicha frase no he leído explicación suya alguna, poco más le he visto hacer que formularla alternativamente con sinónimos y alguna otra disposición de palabras (lo mismo dicho de otra manera, valga el ejemplo), me haría sentir muy agradecido tal explicación: ¿en qué género de ‘cualquier cosa’ puede creer quien dejó de hacerlo en Dios?, ¿en las piedras de colores?, ¿en los extraterrestres?, ¿en el amanecer?...

Es, cuando menos en un determinado caso, como decía, del todo refutable su venerada sentencia: ¿por qué ha de creer en cualquier superchería alguien que, precisamente, tiene por artificio fantástico a Dios y a cuanto es de similar naturaleza y dimana de Él? Nadie a quien parezca una mera fantasía tal mundo que presuntamente todo lo trasciende tratará con seriedad –más allá de lo entretenido que le pueda resultar- cuanto atufe a fantasía, cuanto le sea planteado existente en un plano distinto de la materialidad, del ‘aquí y ahora’; de la realidad, en suma. Se contienen en las palabras del señor Chesterton, permítame añadir, un gran engreimiento, un prejuicioso menosprecio hacia todo aquel que se aleje de la verdad en cuya posesión, por de contado, presume estar dicho autor. Y mantiene usted análoga reprobable actitud, prueba de lo cual es, entre otras evidencias, esa reverente admiración que a tales palabras profesa -no me cuesta imaginarlo esbozando una sonrisa de embeleso mientras sueña que es usted quien por vez primera las hilvana-, sin mencionar la atalaya sobre la que parece hallarse cuando trata de estos temas.

En resumidas cuentas, ¿comprende usted el fondo de la susodicha frase? ¿O, sencillamente, tiene fe en ella?

Atentamente,
Benito